La sucesión del líder manteniendo su filosofía pero innovando¨

El líder estratégico no solo toma decisiones precisas y con velocidad, sino que crea escenarios. Entre sus grandes capacidades está la de escuchar activamente, detectar e interpretar hasta las señales débiles y con esa información tener la capacidad de actuar antes que los demás. Inspira a quienes lo siguen sin necesidad de imponerse sobre ellos, es un especialista en conectar el propósito con la acción. Su mirada no es lineal, sino sistémica. Sabe cuándo intervenir y cuándo dejar fluir. En tiempos de cambio, lo invisible se vuelve ventaja competitiva. Ser estratégico hoy es, sobre todo, ser consciente. Cuando un líder carismático deja su rol y se despide del espacio que ha construido, el clima que había generado durante años se puede ver muy afectado, quien lo sucede tiene un gran desafío, evitar que el mayor riesgo sea caer en la parálisis absoluta de la compañía y se altere la dinámica creada por nostalgia o en el peor de los casos se produzca una ruptura total con su legado. La clave está en identificar y preservar los valores fundacionales que guiaron sus decisiones, mientras se incorporan herramientas y miradas actuales. La sucesión debe ser planificada, no improvisada. El líder debe preparar con tiempo a quien considere que debe ser el indicado para recorrer hacia adelante el camino que el mismo trazó. El nuevo líder necesita comprender el pasado, la historia y el legado que ha dejado su antecesor para poder conectar con el equipo y liderar con autenticidad. Innovar no significa destruir completamente lo construido, sino reinterpretarlo y tener la capacidad para adaptar lo mejor de lo que lo antecedió con una sabia visión de proyección de futuro. Un buen sucesor debe honrar la historia, pero tener la capacidad de escribir la propia.

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